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México es una Gran Nación. A pesar de todo y de todos, sigue en pie
Un recorrido por nuestras riquezas. Parte II (Salarios de hambre)
Por: Rigoberto Vargas
@Oratoriapolitic

En la entrega anterior para este medio, enunciábamos grosso modo, las riquezas de que dispone nuestro país. Sin entrar en detalles hago referencia a la riqueza general de México. Pero requerimos datos duros para que se inicie un análisis más puntual de nuestra situación económica. Obviamente habremos de dar datos estadísticos para no dejar que la especulación, haga suponer tendencia o color en esta colaboración.

Hay un periodo de reajustes económicos desde las estrategias gubernamentales en 1976.

Hasta ese año de crecimiento en ingresos vía salario, la población se beneficiaba de una creciente elevación del ingreso de forma constante; el país se industrializaba y las empresas extranjeras y nacionales invertían ante las ventajas de un país que expandía sus atractivos para inversionistas y empresas. Con la llegada de quien presumía la necesidad de “Administración, administración y más administración” el mismo presidente ladrador que pregonaba que debíamos prepararnos “para administrar la abundancia”; el salario sufre un colapso terrible e inicia la caída libre en su valor y poder adquisitivo; los elevados ingresos petroleros no repercutieron en el estado de bienestar que se había empujado hasta los últimos días del sexenio de Luis Echeverría Álvarez. El valor del salario se fué depauperando hasta alcanzar en 2010, el de 1955. ¡Imagínate! El salario que percibía un trabajador hace 44 años. (Fuente: IPC del Banco de México y la Comisión Nacional de Salarios Mínimos)

Para documentar lo arriba expuesto, hemos de decir que el ingreso es equivalente también al que tenían los trabajadores mexicanos en 1938; un año antes de que iniciara la Segunda Guerra Mundial. Desde esa fecha, hace 75 años, el ingreso promedio es idéntico para los trabajadores mexicanos: $1,766.00 mensuales. Es coincidente con la etapa de gobierno del PRI. El periodo del panismo detuvo la caída, pero no pude ser de otra manera; un salario de $412.06 semanales, es el límite del precipicio a la miseria de la mayoría de los trabajadores. Es justamente el modelo continuado del régimen priísta que propicia el relevo aparente. Con el PAN sólo se detiene la caída, pero sigue el mismo modelo. Ingresos bajos y pocas oportunidades.

Seguramente el gobierno de FCH previó que el bono democrático vendría por subir empleos e ingreso promedio; esto ya no fué posible por la sujeción a las medidas de control que se dictan desde la cúpula financiera mundial; o la incapacidad manifiesta de su gobierno, mismo que pasó gran parte de su sexenio defendiéndose de críticas razonadas sobre su falta de promoción de la integración nacional, la no generación de empleo y la creciente criminalización en todo el país.  

El CONEVAL consigna que 81% de la población tiene una o más carencias. En 2010 y según datos del mismo organismo, el 25% de la población tuvo inseguridad alimentaria; esto es, tuvo poco alimento, de baja calidad o llegó a exprimentar hambre. Así de fácil es el diagnóstico que nos da más datos: 290 mil familias tuvieron ingresos mensuales de más de 100 mil pesos; 47 veces más que el 10% más pobre. (11.3 millones de trabajadores) lo que es un crimen social. 

En cuestión de salud pública; es tal  la precarización que sólo 39% de mexicanos con edad de 12 años o más es derechoahabiente inscrito de alguna institución de salud pública, y según datos de la ENIGH 2010; los demás acuden al Seguro Popular que es gratuito para 40% de los más pobres; o pagar atención privada; la encuesta arroja que que 40% de la población respondieron atenderse en clínicas privadas, acude a una farmacia o se automedica.

¿Por qué tenemos una desigualdad tan alta?

La desigualdad se amplía en México por el incremento en el ingreso del 30% más rico, que suma 8.7 millones de familias. Los ingresos de este grupo representaron, en 2010, 83% del total. El resto de la población, no sólo tiene cada vez una menor participación en la economía nacional; los pesos que gana le alcanzan para menos bienes y servicios cada año. En los últimos años, la población ha sufrido en México al menos tres efectos: (1) el empleo precario, (2) la pérdida del poder adquisitivo, y (3) la eliminación de los subsidios.

Todos los datos estadísticos apuntan a la depauperación del ingreso y la disminución de oportunidades; el desempleo ha crecido y la economía informal; (la que trabaja en la calle o por su cuenta, sin aportar  al erario público) nos arroja cifras de pobreza, comparadas sólo con países de África como Somalia y otros países en guerra.

A partir de 1990 se privilegia el crecimiento de la empresa; se les invita a competir con productos manufacturados en el exterior (principalmente USA) y el primer objeto de la modificación de las estrategias empresariales es nuevamente el trabajador, y puesto que la estrategia era dictada desde el régimen salinista, las instituciones que velaban por las garantías de los trabajadores se hicieron los más feroces promotores de los ajustes salariales. Imagina amable lectora, lector amigo, en 1976, el salario mínimo era de $6,500.00 (cifra actualizada; así puedes ver que el decrecimiento es de 73%. Datos de la revista Este País de abril de 2012.
Conclusiones:

Hoy los mexicanos ganan igual que en 1938 y en 1955. El problema más alarmante es la falta de sensibilidad de los trabajadores con respecto de sí mismos. El conformismo es una enfermedad que se nutre con distractores sociales como espectáculos televisivos mediocres, y una política gubernamental que se vale de los medios masivos, para darle continuidad a ese proceso de dominación oprobiosa para la propia condición de ser humano.

Miles de familias se han desintegrado por cuestión económica preponderantemente; 17 millones viven en la indigencia; lo que significa según cifras de la Cepal de enero de 2013, que tenemos ciudadanos mexicanos al borde la muerte por hambre. 52 millones de mexicanos viven al día. Y el 17% de la población tiene ingresos equivalentes al 83% nacional. 4 de los más connotados millonarios del orbe están inscritos en la lista de Forbes, la más selecta de multimillonarios del mundo.

El panorama gentilísim@s y pacientes lector@s es por sí mismo alarmante. De ahí la creciente necesidad de reconocer que las políticas públicas, han navegado en aguas relativamente tranquilas y que la ciudadanía se sencuentra en estado de marasmo social; más al ocuparse de la sobrevivencia, que en la de emprender proyectos personales para mejorar el ingreso. Miles de oficinistas y trabajadores completan ingreso vendiendo productos de multinivel y de empresas evasoras que aprovechan esa condición de miseria; los vendedores 'voluntarios o independientes' no tienen ningún derecho y las empresas ganan millones bajo este esquema. Y súmale la violación a la Ley Federal del Trabajo que dice en su artículo 3ro que el trabajo nos erá sijeto de comercio. ¿Y los que se hacen ricos vendiendo a los trabajadores como mercancía? Ojo.

La necesidad de un cambio de régimen se hace apremiante; el rumbo del país es terriblemente injusto y polariza a la sociedad entre unos cuantos con ingresos elevados hasta la exageración, y cerca de 70 millones de mexicanos es simplemente pobre.

La pregunta dilecto lector, atenta lectora es: ¿Qué puede hacer el ciudadano de a píe para incidir con seriedad en las políticas públicas por la mejora del ingreso y ampliación de oportunidades que permitan incrementar la calidad de vida? No pedimos milagros o dádivas, pero ya que se consigna en nuestra carta magna que el salario debe ser remunerativo y debe procurar elevar la calidad de vida para satisfacer las necesidades básicas de una familia. Esto es letra muerta. Y conste que la ley está vigente.

Mucho trabajo tenemos para tratar de revisar lo caduco de nuestro régimen; tanto que no debemos olvidar la insurgencia del sureste, las comunidades que se han armado con fines de autoprotección en Guerrero y Michoacán; la miseria extrema de comunidades de Guerrero, Oaxaca, Chihuahua y muchas otras tan apartadas, que el sistema no las tiene ni siquiera en sus estadísticas. Lo peor de todo es que son justamente los pobladores originarios, los indígenas mexicanos dueños de la tierra por derecho histórico, los hoy excluidos de todo progresos social. Una verguenza que nos alcanza a todos. O ¿Cómo ves?

Nos leemos en la próxima.

Reclamaciones a rigove@yahoo.com

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